sábado, 6 de enero de 2018

Playlist de Ghost


Ghost (anteriormente Ghost B.C.) es una banda sueca de doom metal formada hacia 2008.
Son fácilmente reconocibles por su poderosa imagen: Cinco de los seis miembros de la banda (los  llamados "Nameless Ghouls") se visten con ropajes idénticos y con máscaras cubriéndoles los rostros. El "frontman" (cuyo anonimato duró un tiempo, pero hoy sabemos que es Tobias Forge) y voz principal luce el dibujo de una calavera y vestimenta de un Papa o más bien un "Antipapa".Con cada nuevo álbum de la banda hay un cambio en la apariencia de la banda y sus disfraces.El líder se ha hecho llamar Papa Emeritus I, II, y III sucesivamente, acompañando el cambio con leves modificiaciones a su apariencia y forma de actuar en público, simulando no ser la misma persona detrás de la máscara.En ocasiones también utilizaba una máscara de un hombre calvo con bigote.

MONSTRANCE CLOCK

HE IS

SQUARE HAMMER

DEUS IN ABSENTIA

MAJESTY

RITUAL (LIVE AT MUSIC FEEDS STUDIO)

SPIRIT

MISSIONARY MAN

YEAR ZERO

CIRICE


DISCOGRAFÍA
Álbumes
2010 - Opus Eponymous
2013 - Infestissumam
2015 - Meliora
EP´s
2013 - If You Have Ghost
2016 - Popestar
2017 - He Is






lunes, 1 de enero de 2018

Marciano Durán - Me caí del mundo y no sé por dónde se entra


Me caí del mundo y no sé por dónde se entra

por Marciano Durán

(Nota: El presente texto ha sido reproducido muchas veces atribuyéndolo erróneamente al también uruguayo Eduardo Galeano)

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo. Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. Es más ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. Tiramos absolutamente todo. Ya no hay zapatero que remiende un zapato, ni colchonero que sacuda un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos. De “por ahí” vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba. Y no es que haya sido mejor, es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”. Hay que cambiar el auto cada tres años porque si no, eres un arruinado. Aunque el coche esté en buen estado. ¡Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre. Me educaron para guardar todo. Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería… ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos…  ¡¡Guardábamos hasta las tapas de los refrescos!! Los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas.  ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el tendero del barrio! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer adornos de navidad y las páginas de los calendarios para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela, y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa. Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Y hoy, sin embargo, deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga.  Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado.



MARCIANO DURÁN RIVERO. Hijo y padre de un marciano. Telegrafista, murguista, periodista, humorista, letrista y maratonista. Portero de un edificio y de un equipo de futbol. Promotor social y corredor matinal. Director de Cultura y Director de una murga. Ferroviario, funcionario y fabricante de armarios. Escritor, actor, emprendedor y cantor. Imprudente gerente, raramente incoherente, Intendente Suplente, actualmente insurgente. Fue portero de un edificio, Director de Cultura e Intendente de Maldonado a la vez. Autor de varios libros: “Crónicas marcianas y uruguayas”, “Marcianitis Crónica”, “El código Blanes, la otra historia del Uruguay”, “La cuestión es darse maña y otras incoherencias”. “El Sueño de San José” “Me caí del mundo y no sé por dónde se entra”
http://www.marcianoduran.com.uy



*****

"BONUS TRACKS"


LEONARD COHEN - SLOW

I’m slowing down the tune
I never liked it fast
You want to get there soon
I want to get there last

It’s not because I’m old
It’s not the life I led
I always liked it slow
That’s what my momma said

I’m lacing up my shoe
But I don’t want to run
I’ll get here when I do
Don’t need no starting gun

It’s not because I’m old
It’s not what dying does
I always liked it slow
Slow is in my blood

I always liked it slow:
I never liked it fast
With you it’s got to go:
With me it’s got to last

It’s not because I’m old
It’s not because I’m dead
I always liked it slow
That’s what my momma said

All your moves are swift
All your turns are tight
Let me catch my breath
I thought we had all night

I like to take my time
I like to linger as it flies
A weekend on your lips
A lifetime in your eyes

I always liked it slow...

I’m slowing down the tune
I never liked it fast
You want to get there soon
I want to get there last

So baby let me go
You’re wanted back in town
In case they want to know
I’m just trying to slow it down

*****

DEEP PURPLE - ALL THE TIME IN THE WORLD

There's still a long way to go
And the nights are closing in
But if I'd travelled any faster babe
Lord knows where I might have been

Right from those early days
I put my faith in the axle not the wheels
Like old Zeno's toytus
with Achilles snapping at my heels

Don't worry
There's no hurry
Here we are
With all the time in the world

I could have been a high-flying dealer
But I have no desire for speed
I could have been a wild receiver
But I've got everything I need

And so I watch the world
Go racing by tearing up the street
I lay back in the long grass
Take it easy and rest my feet

Don't worry
You know, there's no hurry
Here we are
With all the time in the world

No-one ever held me back
You know that no-one ever put me in chains
No-one ever saw me racing ahead
No-one had to tug on my reins

As everybody knows
I may be slow but I never quit
Sometimes on a good day I sit and think
Sometimes I just sit

Don't worry
Relax, there's no hurry
Here we are
With all the time in the world

*****

PINK FLOYD - TIME

Ticking away the moments that make up a dull day 
Fritter and waste the hours in an offhand way
Kicking around on a piece of ground in your home town
Waiting for someone or something to show you the way

Tired of lying in the sunshine staying home to watch the rain
And you are young and life is long and there is time to kill today
And then one day you find ten years have got behind you
No one told you when to run, you missed the starting gun

And you run and you run to catch up with the sun, but it's sinking
Racing around to come up behind you again
The sun is the same in a relative way, but you're older
Shorter of breath and one day closer to death

Every year is getting shorter, never seem to find the time
Plans that either come to naught or half a page of scribbled lines
Hanging on quiet desperation is the English way
The time is gone, the song is over, thought I'd something more to say

(BREATHE REPRISE)
Home, home again
I like to be here when I can
And when I come home cold and tired
It's good to warm my bones beside the fire
Far away across the field
The tolling of the iron bell
Calls the faithful to their knees
To hear the softly spoken magic spells.

*****
MOBY AND THE VOID PACIFIC CHOIR - ARE YOU LOST IN THE WORLD LIKE ME

Look harder, say it's done
Black days and a dying sun
Dream a dream of god lit air
Just for a minute you'll find me there

Look harder and you'll find
The 40 ways it leaves us blind
I need a better place
To burn beside the lights

Come on and let me try

Are you lost in the world like me?
If the systems have failed?
Are you free?
All the things, all the loss
Can you see?
Are you lost in the world like me?
Like me?

Burn a courtyard, say it's done
Throwing knives at a dying sun
A source of love in the god lit air
Just for a minute, you'll find me there

Look harder and you'll find
The 40 ways it leaves us blind
I need a better way
To burn beside the lights

Come on and let me try

Are you lost in the world like me?
If the systems have failed?
Are you free?
All the things, all the loss
Can you see?
Are you lost in the world like me?
Like me? [x2]

If the systems have failed

-*-*-

domingo, 17 de diciembre de 2017

Lunatic Soul - Fractured - 2017


"Fractured" es el quinto álbum de estudio de Lunatic Soul,  el proyecto paralelo de Mariusz Duda  (Polonia, 25/09/1975) quien es vocalista, bajista y líder de la banda de rock progresivo Riverside.
Fue grabado en Polonia en los Estudios Serakos y en los Estudios Custom 34. Fue mezclado por Magda y Robert Srzedniccy y el propio artista.
El diseño gráfico corrió por cuenta de Travis Smith, quien también trabajara para Riverside.
Este disco está entre lo que más me gustó y sorprendió del 2017 que ya termina, y fue, como tantas otras veces,  una recomendación de mi hijo mayor.


RED LIGHT ESCAPE

A THOUSAND SHARDS OF HEAVEN

ANYMORE

BLOOD ON THE TIGHTROPE

MOVING ON


CRÉDITOS
Arreglos/orquestación: Michał Mierzejewski
Batería:Wawrzyniec Dramowicz
Composición, teclados, bajo, guitarras y bajo acústicos, percussión, programación y voces:Mariusz Duda
Orquesta: Sinfonietta Consonus Orchestra (tracks: 3, 6)
Saxo:Marcin Odyniec (tracks: 4, 6, 9)

PROGRAMA
01. Blood On The Tightrope [07:19]
02. Anymore [04:37]
03. Crumbling Teeth And The Owl Eyes[06:42]
04. Red Light Escape [05:43]
05. Fractured [04:36]
06. A Thousand Shards Of Heaven [12:17]
07. Battlefield [09:05]
08. Moving On [05:14]

FRACTURED




domingo, 12 de noviembre de 2017

Gary Numan - Savage (Songs from a Broken World) - 2017


Savage (Songs from a Broken World) es el álbum número veintiuno del británico Gary Numan.
Su primer single, "My Name Is Ruin" fue lanzado en julio de 2017.El mes siguiente, "What God Intended"
El álbum fue lanzado el 15 de septiembre 2017 y alcanzó el número dos del chart británico, la mejor posición desde su álbum "Telekon" de 1980.
Es un álbum conceptual centrado en la fusión de las culturas occidental y oriental en un mundo post-apocalíptico desertificado como resultado del calentamiento global.
"The songs are about the things that people do in such a harsh and terrifying environment,"
"It's about a desperate need to survive and they do awful things in order to do so, and some are haunted by what they've done. That desire to be forgiven, along with some discovered remnants of an old religious book, ultimately encourages religion to resurface, and it really goes downhill from there."

Gary presenta en "Savage" a su hija Persia, quien canta y aparece en el vídeo promocional de "My Name Is Ruin"

MY NAME IS RUIN

WHAT GOD INTENDED


LISTA DE TEMAS
(Todas escritas por Gary Numan)
01."Ghost Nation" 4:56
02."Bed of Thorns" 5:24
03."My Name Is Ruin" 6:17
04."The End of Things" 5:01
05."And It All Began with You" 6:21
06."When the World Comes Apart" 5:27
07."Mercy" 5:35
08."What God Intended" 5:25
09."Pray for the Pain You Serve" 5:27
10."Broken" 5:58

PERSONAL
Gary Numan – vocals, keyboards
Ade Fenton – keyboards, programming, mixing, production
Steve Harris – guitars
Tim Slade – bass
Persia Numan – backing vocals
Nathan Boddy – mixing
Paul Carr – mixing assistant
Matt Colton – mastering


BROKEN


sábado, 21 de octubre de 2017

William F. Nolan - Algo repelente

Algo repelente

Por William F. Nolan 

Los adultos parecen encontrar maravillosos deleites atormentando a los niños hasta hacerlos llorar o sufrir pesadillas, sobre todo recurriendo directamente
a lo que saben asustará más a los chicos. Quizá sea una reacción a sus experiencias antes de «madurar», o tal vez se trate de otra cosa peor..., algo básico.
William F. Nolan, residente en California, ha editado, escrito y colaborado en decenas de libros con temas que van desde lo macabro hasta las emociones
de tas carreras automovilísticas, o su reciente biografía de Steve McQueen. También ha escrito guiones para el cine y la televisión.
*****

—¿Aún no te has duchado, Janey?

Era la voz de su madre en la planta baja, que flotaba como el humo hacia ella, apenas audible desde su cama.

Más fuerte en ese momento, insistente.

—¡Janey! ¡Contesta!

Se levantó, se estiró como una gata, salió al pasillo, al rellano, donde su madre pudiera oírla.

—Estaba leyendo.

—Pero si te dije que tío Gus vendría esta tarde.

—Le odio —dijo Janey en voz baja.

—Estás murmurando. No te entiendo. —Frustración. Enojo y frustración—. Baja ahora mismo.

Cuando Janey llegó al pie de la escalera, la imagen de su madre ondeaba como el agua. La pequeña cerró y abrió los ojos con rapidez, esforzándose en despejar
sus lacrimosos ojos.

La madre de Janey se alzaba ante ella, alta, voluminosa y perfumada con su satinado vestido veraniego.

Mamá siempre parece bonita cuando viene tío Gus.

—¿Por qué lloras?

El enfado había cedido el paso a la preocupación.

—Porque sí —dijo Janey.

—¿Por qué?

—Porque no quiero hablar con tío Gus.

—¡Pero si él te adora! Viene especialmente a verte.

—No, no es verdad —dijo Janey mientras se frotaba la mejilla con su puñito—. No me adora, y no viene especialmente a verme. Viene a pedir dinero a papá.

Su madre se sobresaltó.

—¡Es espantoso que digas eso!

—Pero es verdad. ¿A que sí?

—A tu tío Gus lo hirieron en la guerra y no puede hacer un trabajo normal. Hacemos lo que podemos para ayudarle.

—Yo nunca le he gustado —contestó Janey—. Dice que hago mucho ruido. Y nunca me deja jugar con «Bigotes» cuando está aquí.

—Eso es porque los gatos le fastidian. No está acostumbrado a ellos. No le gustan las cosas con pelo. —La mujer tocó el cabello de Janey. Oro blando—.
¿Recuerdas ese ratón que trajiste la Navidad pasada, qué nervioso puso a tío Gus...? ¿Te acuerdas?

—«Pete» era muy listo —dijo Janey—. No le gustaba tío Gus, igual que a mí.

—A los ratones ni les gusta ni les disgusta la gente —le explicó su madre—. No tienen bastante inteligencia para eso.

Janey meneó tercamente la cabeza.

—«Pete» era muy inteligente. Encontraba el queso en cualquier parte de mi cuarto, aunque estuviera muy escondido.

—Eso está relacionado con el sentido básico del olfato, no con la inteligencia —dijo su madre—. Pero estamos perdiendo el tiempo, Janey. Sube corriendo,
dúchate y ponte tu bonito vestido nuevo, el de lunares rojos.

—Son fresas. Tiene fresitas rojas en la tela.

—Estupendo. Ahora obedece. Gus llegará pronto y quiero que mi hermano se sienta orgulloso de su sobrina.

Con la rubia cabeza gacha y arrastrando los taloncitos en cada escalón, Janey subió la escalera.

—No hablaré de esto a tu padre —estaba diciendo su madre, y la voz iba apagándose conforme la pequeña seguía subiendo—. Sólo le diré que te has dormido.

—No me importa lo que le digas a papá —murmuró Janey.

Las palabras desaparecieron como humo en el pasillo mientras la niña se dirigía a su habitación.

Papá creía todo lo que le decía mamá. Siempre. A veces era verdad, lo de dormir más de la cuenta. Era difícil despertar de la siesta. Porque yo no quiero
irme a dormir. Porque lo odio. Igual que comer brócoli, tomar pastillas de vitaminas en forma de animalitos de colores, visitar al dentista y subir en
las montañas rusas.

Tío Gus la había llevado a una montaña rusa, altísima y pavorosa, el último verano, y Janey había vomitado. A él le gustaba ponerla nerviosa, asustarla.
Mamá no sabía cuántas veces le decía cosas espantosas tío Gus, o le hacía bromas pesadas, o la llevaba a sitios que a ella no le gustaban.

Mamá la dejaba a solas con él mientras iba a comprar, y Janey aborrecía totalmente estar en la vieja y oscura casa de tío Gus. Él sabía que la oscuridad
la asustaba. Se sentaba delante de ella con las luces apagadas, le explicaba historias fantasmales, llenas de detalles tenebrosos y atroces, y su voz era
empalagosa y horrible. Janey se espantaba tanto cuando escuchaba a su tío que a veces acababa llorando. Y las lágrimas hacían sonreír a tío Gus.

—Gus. ¡Siempre es una alegría verte!

—Hola, hermanita.

—Pasa. Jim está holgazaneando por ahí. He preparado una cena buenísima. Pavo troceado. Y he hecho tortas de maíz.

—¿Y dónde está mi sobrina favorita?

—Janey bajará en cualquier momento. Llevará su nuevo vestido... sólo para ti.

—Bien, vaya; eso es magnífico.

Janey estaba observando en lo alto de la escalera, tumbada en el suelo para que no la vieran. Qué rabia le daba ver a mamá abrazando a tío Gus de aquella
forma, siempre que venía, como si hubieran pasado años desde la última visita. ¿Por qué mamá no se daba cuenta de lo malvado que era tío Gus? Todos los
amigos de la clase de Janey habían comprendido que él era una mala persona el primer día que la llevó al colegio. Los niños suelen saber inmediatamente
cómo es una persona. Igual que aquel viejo miserable, el señor Kruger, de geografía, que obligaba a Janey a quedarse en clase cuando olvidaba hacer los
deberes. Todos los niños sabían que el señor Kruger era espantoso. ¿Por qué los adultos tardaban tanto tiempo en comprender las cosas?

Janey se deslizó hacia atrás en las sombras del pasillo. Se levantó. Tenía que bajar... con la ropa de estar por casa. Eso significaría seguramente una
zurra en cuanto se marchara tío Gus, pero valía la pena a cambio de no tenerse que poner el vestido nuevo en su honor. Las zurras no hacían demasiado daño.
Valía la pena.

—¡Vaya, aquí está mi princesita! —Tío Gus estaba levantándola por el aire, muy fuerte, para marearla. Ya sabía que ella odiaba los zarandeos. La dejó en
el suelo con un ruido sordo. La miró con sus crueles ojazos—. ¿Y dónde está ese bonito vestido nuevo de que me hablaba tu mamá?

—Se me ha roto —dijo Janey, con la mirada fija en la alfombra—. No puedo ponérmelo hoy.

Su madre volvió a enfadarse.

—Eso no es verdad, señorita, ¡y tú lo sabes! Planché ese vestido por la mañana y está perfecto. —Señaló arriba—. ¡Sube otra vez a tu cuarto y ponte ese
vestido!

—No, Maggie. —Gus sacudió la cabeza—. Deja a la niña tal como está. Tiene muy buen aspecto. Vamos a cenar. —Pinchó el estómago de Janey con un dedo—. Apuesto
a que esa barriguita tuya se muere de ganas de probar un poco de pavo.

Y tío Gus fingió que reía. A Janey no la engañaba nunca; ella sabía distinguir las risas verdaderas de las fingidas. Pero mamá y papá jamás parecían notar
la diferencia.

La madre de Janey suspiró y sonrió a Gus.

—De acuerdo, lo pasaré por alto esta vez... Pero creo que la mimas demasiado.

—Tonterías. Janey y yo nos entendemos muy bien. —Miró fijamente a la pequeña—. ¿No es cierto, guapa?

La cena no fue divertida. Janey no pudo acabar el puré de patata, y sólo probó el pavo. Nunca podía disfrutar con la comida si su tío estaba presente.
Como de costumbre, su padre apenas se dio cuenta de que ella estaba en la mesa. Él no se preocupó en saber si llevaba puesto el vestido nuevo. Mamá se
ocupaba de esas cosas, y papá de su trabajo, fuera cual fuese. Janey no había averiguado nunca qué hacía, pero él se iba todos los días a cierta oficina
desconocida para ella y ganaba dinero suficiente, por lo que siempre podía dar algo a tío Gus cuando mamá le pedía un cheque.

Ese día era domingo y papá estaba en casa para leer el enorme periódico, limpiar el coche y podar el césped. Hacía las mismas cosas todos los domingos.

¿Me quiere papá? Sé que mami me quiere, aunque a veces me zurre. Pero ella siempre me abraza después. Papá nunca me abraza. Me compra helados y me lleva
al cine los sábados por la tarde, pero no creo que me quiera.

Por eso ella nunca podría decirle la verdad sobre tío Gus. Papá no le haría caso.

Y mamá, simplemente, no lo entendía.

Después de la cena, tío Gus agarró firmemente de la mano a Janey y la llevó al patio. Después la hizo sentar cerca de él en la gran mecedora de madera.

—Apostaría a que tu vestido nuevo es feo —dijo con frialdad.

—No. ¡Es bonito!

La aflicción de la niña complació a tío Gus. Se agachó, acercó los labios a la oreja derecha de Janey.

—¿Quieres saber un secreto?

Janey contestó que no con la cabeza.

—Quiero volver con mamá. No me gusta estar aquí.

Janey se dispuso a alejarse, pero él la agarró, la atrajo con brusquedad hacia la mecedora.

—Presta atención cuando te hablo. —Sus ojos chispeaban—. Voy a contarte un secreto... De ti misma.

—Pues cuéntamelo.

Gus sonrió.

—Tienes una cosa dentro.

—¿Y eso qué quiere decir?

—Quiere decir que hay algo muy dentro de tu asqueroso estomaguito. ¡Y está vivo!

—¿Eh? —Janey parpadeó: empezaba a tener miedo.

—Una criatura. Que vive de lo que tú comes, que respira el aire que tú respiras, y que ve gracias a tus ojos. —Acercó la cara de la niña a la suya—. Abre
la boca, Janey, para que yo pueda mirar y ver qué cosa vive ahí abajo...

—¡No, no quiero! —Se retorció para intentar soltarse, pero él era muy fuerte—. ¡Mientes! ¡Estás contándome una mentira horrible! ¡Mientes!

—Ábrela bien —dijo, e hizo fuerza en la mandíbula de la niña con los dedos de su mano derecha hasta que la boca se abrió—. Ah, así está mejor. Vamos a
ver... —Escudriñó el interior de la boca—. Si, ahí. ¡Ahora lo veo!

Janey se echó hacia atrás, con los ojos muy abiertos, francamente alarmada.

—¿Cómo es?

—¡Repelente! ¡Espantosa! Con unos dientes muy afilados. Una rata diría yo. O algo parecido a una rata. Larga, gris y gorda.

—¡Yo no tengo eso! ¡No!

—Oh, claro que sí, Janey. —Su voz era empalagosa—. He visto brillar sus ojos rojos y he visto su larga cola. Está ahí dentro, sí. Algo repelente.

Y se echó a reír. Esta vez de verdad. No era una risa fingida. Tío Gus estaba divirtiéndose.

Janey sabía que él sólo pretendía asustarla una vez más..., pero no estaba completamente segura respecto a la cosa que llevaba dentro. Quizás él había
visto algo.

—¿Hay... otras personas con... criaturas... que viven dentro de ellas?

—Depende —dijo tío Gus—. Las criaturas malas viven dentro de las personas malas. Las niñas buenas no tienen ninguna.

—¡Yo soy buena!

—Bueno, eso es cuestión de opinión, ¿no crees? —Su voz era dulce y desagradable—. Si fueras buena no tendrías una cosa repelente viviendo dentro de ti.

—No te creo —dijo Janey, que respiraba con dificultad—. ¿Cómo puede ser verdad?

—Las cosas son reales cuando la gente cree en ellas. —Encendió un largo cigarrillo negro, aspiró el humo y lo expulsó con lentitud—. ¿Has oído hablar del
vudú, Janey?

La niña meneó la cabeza.

—Funciona así: un brujo maldice a una persona haciendo un muñeco y hundiendo una aguja en el corazón del muñeco. Luego deja el muñeco en la casa del hombre
maldito. Cuando el hombre lo ve se asusta mucho. Convierte en real la maldición al creer en ella.

—¿Y luego qué pasa?

—Su corazón deja de funcionar y muere.

Janey notó que su corazón latía muy deprisa.

—Tienes miedo, ¿verdad, Janey?

—Puede que... un poco.

—Claro que tienes miedo. —Rió entre dientes—. Y es lógico..., ¡con una cosa así dentro de ti!

—¡Eres un hombre malo y muy cruel! —le dijo Janey, con los ojos nublados por las lágrimas.

Y regresó corriendo a la vivienda.

Esa noche, en su cuarto, Janey permanecía sentada en la cama, rígida, abrazando a «Bigotes». Al gato le gustaba entrar allí por la noche y acurrucarse
en la colcha, a los pies de la niña, para dormitar hasta el amanecer. Era un plácido gato doméstico, gris y negro, que jamás se quejaba de nada y siempre
contestaba con un «miau» de alegría cuando Janey lo cogía para acariciarlo. Después ronroneaba.

Esa noche «Bigotes» no ronroneaba. Captaba las ásperas vibraciones de la habitación, captaba el nerviosismo de Janey. El animal se estremeció inquieto
en los brazos de la pequeña.

—Tío Gus me ha mentido, ¿verdad, «Bigotes»? —La voz de la niña reflejaba tensión, incertidumbre—. Míralo... —Acercó más al gato—. No hay nada ahí, ¿verdad?

Y abrió la boca para demostrar a su amigo que ninguna rata vivía allí. Si había una rata, el viejo «Bigotes» metería una pata para cazarla. Pero el gato
no reaccionó. Se limitó a cerrar y abrir sus rasgados ojos verdes.

—Lo sabía —dijo Janey, enormemente aliviada—. Si yo no creo que esté ahí, no está.

Poco a poco relajó los tensos músculos de su cuerpo..., y «Bigotes», al percibir el cambio, empezó a ronronear: un suave y tranquilizador sonido de motor
en la noche.

Todo estaba bien. Ninguna criatura de ojos rojos existía en su barriguita. De pronto la niña se sintió agotada. Era tarde, y por la mañana tenía que ir
al colegio.

Janey se deslizó bajo la sábana y cerró los ojos tras soltar a «Bigotes», que se alejó silenciosamente hacia su habitual rincón de la cama.

Janey tema muchas cosas que contar a sus amigos.

Era jueves, un día que Janey solía odiar. Un jueves sí y otro no, su madre iba de compras y la dejaba cenando con tío Gus en la casona encantada de éste,
con los postigos bien cerrados para que no entrara el sol, y las sombras llenando todos los pasillos.

Pero ese jueves iba a ser distinto, y Janey no se preocupó cuando su madre se marchó y la dejó sola con su tío. Esta vez, pensó la niña, no iba a tener
miedo. Soltó una risita.

¡Hasta podía divertirse!

Tras ponerle un plato de sopa delante, tío Gus le preguntó cómo se encontraba.

—Bien —dijo Janey tranquilamente, con los ojos bajos.

—Entonces podrás apreciar la sopa. —Sonrió, tratando de que su apariencia fuera agradable—. Es una receta especial. Pruébala.

Janey se metió una cucharada en la boca.

—¿A qué sabe?

—Un poco ácida.

Gus meneó la cabeza mientras probaba la sopa.

—Ummm... Deliciosa. —Hizo una pausa—. ¿Sabes de qué está hecha?

Janey contestó que no con la cabeza.

Gus sonrió y se inclinó hacia la niña al otro lado de la mesa.

—Es sopa de ojos de búho. Hecha con ojos de búho muerto. Machacados y recién extraídos para ti.

Janey sostuvo la mirada de su tío.

—Quieres que devuelva, ¿verdad, tío Gus?

—Dios mío, no, Janey. —Había un empalagoso deleite en su voz—. Pensaba que te gustaría saber qué estabas tragando.

Janey apartó su plato.

—No voy a vomitar porque no te creo. Y cuando no crees una cosa, no es real.

Gus la miró ceñudamente mientras terminaba la sopa.

Janey sabía que él planeaba contarle otra espantosa historia de fantasmas después de comer, pero no estaba nerviosa. No lo estaba.

No lo estaba porque no habría sobremesa para tío Gus.

Había llegado el momento de su sorpresa.

—Tengo algo que decirte, tío Gus.

—Pues dímelo.

Su voz era aguda y desagradable.

—Todos mis amigos del colegio saben lo del animal que está dentro. Hablamos mucho de eso, y ahora todos lo creemos. Tiene ojos rojos... Es muy peludo y
huele mal. Y tiene muchísimos dientes afilados.

—Naturalmente que sí —dijo Gus, con el rostro iluminado por las palabras de la niña—. Y siempre tiene hambre.

—Pero ¿a qué no sabes una cosa? —Prosiguió Janey—. ¡Sorpresa! No está dentro de mí, tío Gus... ¡Está dentro de ti!

Gus la miró coléricamente.

—Eso no es nada divertido, pequeña zorra. No intentes dar la vuelta a las cosas y fingir que...

Se detuvo sin acabar la frase, y mientras la cuchara caía con estrépito al suelo, se levantó de repente. Tenía la cara enrojecida, como a punto de asfixiarse.

—Y ahora quiere salir —dijo Janey.

Gus dobló el cuerpo sobre la mesa, aferrándose el estómago con las manos.

—Llama... Llama al... médico —dijo jadeante.

—Un médico no servirá de nada —contestó satisfecha Janey—. Nada sirve ya de nada.

Janey siguió tranquilamente a su tío mientras masticaba una manzana. Le vio tambalearse y caer ante la puerta, le vio agitarse, con los ojos desorbitados
por el pánico.

Janey se detuvo junto a tío Gus y le miró el estómago bajo la camisa blanca.

Algo abultaba allí.

Gus lanzó un grito.

Más tarde, esa noche, sola en su cuarto, Janey apretó a «Bigotes» contra su pecho y musitó en la temblorosa oreja de su gatito:

—Mamá ha llorado —explicó al animal—. Está muy triste por lo que le pasó a tío Gus. ¿Estás triste tú, «Bigotes»?

El gato abrió la boca y dejó ver sus afilados y blancos dientes.

—No lo había pensado... Eso es porque tío Gus te gustaba tanto como a mí, ¿verdad?

Abrazó al gato.

—¿Quieres saber un secreto, «Bigotes»?

El gato cerró y abrió los ojos tranquilamente, y empezó a ronronear.

—¿Sabes, ese viejo malo del colegio..., el señor Kruger? Bueno, ¿sabes qué? —Sonrió—. Yo y los otros niños pensamos hablar con él mañana para decirle que
tiene algo dentro...

Janey se estremeció de placer.

—¡Algo repelente!

Y se rió como una tonta.

domingo, 8 de octubre de 2017

David Gilmour - Live at Pompeii - 2017


"Live at Pompeii" es un álbum en vivo y filme de David Gilmour, y fue grabado en el anfiteatro de Pompeya, documentando parte de la gira 2015-16 de promoción del "Rattle That Lock" (2015). Fue lanzado el 29 de septiembre de 2017 en varios formatos.Nosotros escogimos traer a casa el doble dvd, ya que es música para ver.
Previamente, el 13 del mismo mes se presentó mundialmente en cines, en una versión ligeramente reducida respecto a la edición posterior.
Con un repertorio cuya única novedad son los temas del álbum promocionado, lo que tenemos es oootra vez más a David en vivo y en directo con toda su grandeza y la de los temas de siempre de Pink Floyd.Con el agregado de marcar el retorno al emplazamiento histórico de aquella actuación inolvidable de la banda.Eso sí, ahora con público y todo y con la parafernalia escénica floydiana en versión tecnología del siglo XXI.

ONE OF THESE DAYS

COMFORTABLY NUMB


PERSONAL
David Gilmour – electric guitars, acoustic guitars, classical guitar, console steel guitar, lead vocals, cymbals on "One of These Days", whistling on "In Any Tongue"
Chester Kamen – electric guitars, acoustic guitars, 12 string acoustic guitar, high-strung acoustic guitar on "Comfortably Numb", backing vocals, harmonica on "The Blue"
Guy Pratt – bass guitars, double bass, backing vocals, lead vocals on "Run Like Hell"
Greg Phillinganes – piano, keyboards, backing vocals, lead vocals on "Time"
Chuck Leavell – organ, keyboards, accordion, backing vocals, lead vocals on "Comfortably Numb"
Steve DiStanislao – drums, percussion, backing vocals, aeoliphone on "One of These Days"
João Mello – saxophones, clarinet, additional keyboards on "The Blue", high-strung acoustic guitar on "In Any Tongue"
Bryan Chambers – backing vocals, lead vocals on "In Any Tongue" and "The Great Gig in the Sky", tambourine
Lucita Jules – backing vocals, lead vocals on "The Great Gig in the Sky"
Louise Clare Marshall (Pompeii only) – backing vocals, cowbell, lead vocals on "The Great Gig in the Sky"...

SHINE ON...

PROGRAMA
"5 A.M."
"Rattle That Lock"
"Faces of Stone"
"What Do You Want from Me
"The Blue"
"The Great Gig In the Sky"
"A Boat Lies Waiting"
"Wish You Were Here"
"Money"
"In Any Tongue"
"High Hopes"
"One of These Days"
"Shine On You Crazy Diamond"
"Fat Old Sun"
"Coming Back to Life"
"On an Island"
"Today"
"Sorrow"
"Run Like Hell"
"Time" / "Breathe (Reprise)"
"Comfortably Numb"
"Pompeii Then and Now documentary"


RATTLE THAT LOCK

domingo, 1 de octubre de 2017

Steven Wilson - To the Bone - 2017


"To the Bone"es el quinto álbum de estudio del músico y productor británico Steven Wilson.Fue lanzado el 18 de agosto de 2017.
Éste trabajo ha sido criticado en muchos medios especializados en rock progresivo, tal vez porque pretenden que el líder de Porcupine Tree se autoencasille en un  género, cosa que en realidad no ha hecho nunca desde los diferentes proyectos paralelos y solistas así como colaboraciones varias.
Wilson da un giro saludable hacia el pop más refinado, sonando actual y al mismo tiempo enriquecido por las influencias atemporales que atesora el brillante músico británico.

NOWHERE NOW

El propio Wilson ha mencionado a bandas como Talk Talk y Tears For Fears como algunas de sus principales influencias en mente al producir el álbum.Para él es un homenaje a los discos pop que le  marcaron en su juventud, como el "So" de Peter Gabriel y el "Hounds of Love" de Kate Bush.

PARIAH

SONG OF I

REFUGE

PERMANATING


MÚSICOS:
- Steven Wilson: Guitarras y voz
- Adam Holzman: Teclados
- Nick Beggs: Bajo y Chapman stick
- Craig Blundell: Batería
INVITADOS: 
- Jeremy Stacey: Batería
- David Kollar: Guitarras
- Mark Feltham: Armónica en "To the Bone" y "Refuge"
- Ninet Tayeb: Voz en "Pariah" y "Blank Tapes", coros en "To the Bone"
- Sophie Hunger: Voz en "Song of I"



THE SAME ASYLUM AS BEFORE

PROGRAMA
01.«To the Bone» 6:41
02.«Nowhere Now» 4:04
03.«Pariah» 4:44
04.«The Same Asylum as Before» 5:14
05.«Refuge» 6:42
06.«Permanating» 3:35
07.«Blank Tapes» 2:09
08.«People Who Eat Darkness» 6:03
09.«Song of I» 5:22
10.«Detonation» 9:20
11.«Song of Unborn» 5:56

TO  THE BONE FULL ALBUM