domingo, 12 de noviembre de 2017

Gary Numan - Savage (Songs from a Broken World) - 2017


Savage (Songs from a Broken World) es el álbum número veintiuno del británico Gary Numan.
Su primer single, "My Name Is Ruin" fue lanzado en julio de 2017.El mes siguiente, "What God Intended"
El álbum fue lanzado el 15 de septiembre 2017 y alcanzó el número dos del chart británico, la mejor posición desde su álbum "Telekon" de 1980.
Es un álbum conceptual centrado en la fusión de las culturas occidental y oriental en un mundo post-apocalíptico desertificado como resultado del calentamiento global.
"The songs are about the things that people do in such a harsh and terrifying environment,"
"It's about a desperate need to survive and they do awful things in order to do so, and some are haunted by what they've done. That desire to be forgiven, along with some discovered remnants of an old religious book, ultimately encourages religion to resurface, and it really goes downhill from there."

Gary presenta en "Savage" a su hija Persia, quien canta y aparece en el vídeo promocional de "My Name Is Ruin"

MY NAME IS RUIN

WHAT GOD INTENDED


LISTA DE TEMAS
(Todas escritas por Gary Numan)
01."Ghost Nation" 4:56
02."Bed of Thorns" 5:24
03."My Name Is Ruin" 6:17
04."The End of Things" 5:01
05."And It All Began with You" 6:21
06."When the World Comes Apart" 5:27
07."Mercy" 5:35
08."What God Intended" 5:25
09."Pray for the Pain You Serve" 5:27
10."Broken" 5:58

PERSONAL
Gary Numan – vocals, keyboards
Ade Fenton – keyboards, programming, mixing, production
Steve Harris – guitars
Tim Slade – bass
Persia Numan – backing vocals
Nathan Boddy – mixing
Paul Carr – mixing assistant
Matt Colton – mastering


BROKEN


sábado, 21 de octubre de 2017

William F. Nolan - Algo repelente

Algo repelente

Por William F. Nolan 

Los adultos parecen encontrar maravillosos deleites atormentando a los niños hasta hacerlos llorar o sufrir pesadillas, sobre todo recurriendo directamente
a lo que saben asustará más a los chicos. Quizá sea una reacción a sus experiencias antes de «madurar», o tal vez se trate de otra cosa peor..., algo básico.
William F. Nolan, residente en California, ha editado, escrito y colaborado en decenas de libros con temas que van desde lo macabro hasta las emociones
de tas carreras automovilísticas, o su reciente biografía de Steve McQueen. También ha escrito guiones para el cine y la televisión.
*****

—¿Aún no te has duchado, Janey?

Era la voz de su madre en la planta baja, que flotaba como el humo hacia ella, apenas audible desde su cama.

Más fuerte en ese momento, insistente.

—¡Janey! ¡Contesta!

Se levantó, se estiró como una gata, salió al pasillo, al rellano, donde su madre pudiera oírla.

—Estaba leyendo.

—Pero si te dije que tío Gus vendría esta tarde.

—Le odio —dijo Janey en voz baja.

—Estás murmurando. No te entiendo. —Frustración. Enojo y frustración—. Baja ahora mismo.

Cuando Janey llegó al pie de la escalera, la imagen de su madre ondeaba como el agua. La pequeña cerró y abrió los ojos con rapidez, esforzándose en despejar
sus lacrimosos ojos.

La madre de Janey se alzaba ante ella, alta, voluminosa y perfumada con su satinado vestido veraniego.

Mamá siempre parece bonita cuando viene tío Gus.

—¿Por qué lloras?

El enfado había cedido el paso a la preocupación.

—Porque sí —dijo Janey.

—¿Por qué?

—Porque no quiero hablar con tío Gus.

—¡Pero si él te adora! Viene especialmente a verte.

—No, no es verdad —dijo Janey mientras se frotaba la mejilla con su puñito—. No me adora, y no viene especialmente a verme. Viene a pedir dinero a papá.

Su madre se sobresaltó.

—¡Es espantoso que digas eso!

—Pero es verdad. ¿A que sí?

—A tu tío Gus lo hirieron en la guerra y no puede hacer un trabajo normal. Hacemos lo que podemos para ayudarle.

—Yo nunca le he gustado —contestó Janey—. Dice que hago mucho ruido. Y nunca me deja jugar con «Bigotes» cuando está aquí.

—Eso es porque los gatos le fastidian. No está acostumbrado a ellos. No le gustan las cosas con pelo. —La mujer tocó el cabello de Janey. Oro blando—.
¿Recuerdas ese ratón que trajiste la Navidad pasada, qué nervioso puso a tío Gus...? ¿Te acuerdas?

—«Pete» era muy listo —dijo Janey—. No le gustaba tío Gus, igual que a mí.

—A los ratones ni les gusta ni les disgusta la gente —le explicó su madre—. No tienen bastante inteligencia para eso.

Janey meneó tercamente la cabeza.

—«Pete» era muy inteligente. Encontraba el queso en cualquier parte de mi cuarto, aunque estuviera muy escondido.

—Eso está relacionado con el sentido básico del olfato, no con la inteligencia —dijo su madre—. Pero estamos perdiendo el tiempo, Janey. Sube corriendo,
dúchate y ponte tu bonito vestido nuevo, el de lunares rojos.

—Son fresas. Tiene fresitas rojas en la tela.

—Estupendo. Ahora obedece. Gus llegará pronto y quiero que mi hermano se sienta orgulloso de su sobrina.

Con la rubia cabeza gacha y arrastrando los taloncitos en cada escalón, Janey subió la escalera.

—No hablaré de esto a tu padre —estaba diciendo su madre, y la voz iba apagándose conforme la pequeña seguía subiendo—. Sólo le diré que te has dormido.

—No me importa lo que le digas a papá —murmuró Janey.

Las palabras desaparecieron como humo en el pasillo mientras la niña se dirigía a su habitación.

Papá creía todo lo que le decía mamá. Siempre. A veces era verdad, lo de dormir más de la cuenta. Era difícil despertar de la siesta. Porque yo no quiero
irme a dormir. Porque lo odio. Igual que comer brócoli, tomar pastillas de vitaminas en forma de animalitos de colores, visitar al dentista y subir en
las montañas rusas.

Tío Gus la había llevado a una montaña rusa, altísima y pavorosa, el último verano, y Janey había vomitado. A él le gustaba ponerla nerviosa, asustarla.
Mamá no sabía cuántas veces le decía cosas espantosas tío Gus, o le hacía bromas pesadas, o la llevaba a sitios que a ella no le gustaban.

Mamá la dejaba a solas con él mientras iba a comprar, y Janey aborrecía totalmente estar en la vieja y oscura casa de tío Gus. Él sabía que la oscuridad
la asustaba. Se sentaba delante de ella con las luces apagadas, le explicaba historias fantasmales, llenas de detalles tenebrosos y atroces, y su voz era
empalagosa y horrible. Janey se espantaba tanto cuando escuchaba a su tío que a veces acababa llorando. Y las lágrimas hacían sonreír a tío Gus.

—Gus. ¡Siempre es una alegría verte!

—Hola, hermanita.

—Pasa. Jim está holgazaneando por ahí. He preparado una cena buenísima. Pavo troceado. Y he hecho tortas de maíz.

—¿Y dónde está mi sobrina favorita?

—Janey bajará en cualquier momento. Llevará su nuevo vestido... sólo para ti.

—Bien, vaya; eso es magnífico.

Janey estaba observando en lo alto de la escalera, tumbada en el suelo para que no la vieran. Qué rabia le daba ver a mamá abrazando a tío Gus de aquella
forma, siempre que venía, como si hubieran pasado años desde la última visita. ¿Por qué mamá no se daba cuenta de lo malvado que era tío Gus? Todos los
amigos de la clase de Janey habían comprendido que él era una mala persona el primer día que la llevó al colegio. Los niños suelen saber inmediatamente
cómo es una persona. Igual que aquel viejo miserable, el señor Kruger, de geografía, que obligaba a Janey a quedarse en clase cuando olvidaba hacer los
deberes. Todos los niños sabían que el señor Kruger era espantoso. ¿Por qué los adultos tardaban tanto tiempo en comprender las cosas?

Janey se deslizó hacia atrás en las sombras del pasillo. Se levantó. Tenía que bajar... con la ropa de estar por casa. Eso significaría seguramente una
zurra en cuanto se marchara tío Gus, pero valía la pena a cambio de no tenerse que poner el vestido nuevo en su honor. Las zurras no hacían demasiado daño.
Valía la pena.

—¡Vaya, aquí está mi princesita! —Tío Gus estaba levantándola por el aire, muy fuerte, para marearla. Ya sabía que ella odiaba los zarandeos. La dejó en
el suelo con un ruido sordo. La miró con sus crueles ojazos—. ¿Y dónde está ese bonito vestido nuevo de que me hablaba tu mamá?

—Se me ha roto —dijo Janey, con la mirada fija en la alfombra—. No puedo ponérmelo hoy.

Su madre volvió a enfadarse.

—Eso no es verdad, señorita, ¡y tú lo sabes! Planché ese vestido por la mañana y está perfecto. —Señaló arriba—. ¡Sube otra vez a tu cuarto y ponte ese
vestido!

—No, Maggie. —Gus sacudió la cabeza—. Deja a la niña tal como está. Tiene muy buen aspecto. Vamos a cenar. —Pinchó el estómago de Janey con un dedo—. Apuesto
a que esa barriguita tuya se muere de ganas de probar un poco de pavo.

Y tío Gus fingió que reía. A Janey no la engañaba nunca; ella sabía distinguir las risas verdaderas de las fingidas. Pero mamá y papá jamás parecían notar
la diferencia.

La madre de Janey suspiró y sonrió a Gus.

—De acuerdo, lo pasaré por alto esta vez... Pero creo que la mimas demasiado.

—Tonterías. Janey y yo nos entendemos muy bien. —Miró fijamente a la pequeña—. ¿No es cierto, guapa?

La cena no fue divertida. Janey no pudo acabar el puré de patata, y sólo probó el pavo. Nunca podía disfrutar con la comida si su tío estaba presente.
Como de costumbre, su padre apenas se dio cuenta de que ella estaba en la mesa. Él no se preocupó en saber si llevaba puesto el vestido nuevo. Mamá se
ocupaba de esas cosas, y papá de su trabajo, fuera cual fuese. Janey no había averiguado nunca qué hacía, pero él se iba todos los días a cierta oficina
desconocida para ella y ganaba dinero suficiente, por lo que siempre podía dar algo a tío Gus cuando mamá le pedía un cheque.

Ese día era domingo y papá estaba en casa para leer el enorme periódico, limpiar el coche y podar el césped. Hacía las mismas cosas todos los domingos.

¿Me quiere papá? Sé que mami me quiere, aunque a veces me zurre. Pero ella siempre me abraza después. Papá nunca me abraza. Me compra helados y me lleva
al cine los sábados por la tarde, pero no creo que me quiera.

Por eso ella nunca podría decirle la verdad sobre tío Gus. Papá no le haría caso.

Y mamá, simplemente, no lo entendía.

Después de la cena, tío Gus agarró firmemente de la mano a Janey y la llevó al patio. Después la hizo sentar cerca de él en la gran mecedora de madera.

—Apostaría a que tu vestido nuevo es feo —dijo con frialdad.

—No. ¡Es bonito!

La aflicción de la niña complació a tío Gus. Se agachó, acercó los labios a la oreja derecha de Janey.

—¿Quieres saber un secreto?

Janey contestó que no con la cabeza.

—Quiero volver con mamá. No me gusta estar aquí.

Janey se dispuso a alejarse, pero él la agarró, la atrajo con brusquedad hacia la mecedora.

—Presta atención cuando te hablo. —Sus ojos chispeaban—. Voy a contarte un secreto... De ti misma.

—Pues cuéntamelo.

Gus sonrió.

—Tienes una cosa dentro.

—¿Y eso qué quiere decir?

—Quiere decir que hay algo muy dentro de tu asqueroso estomaguito. ¡Y está vivo!

—¿Eh? —Janey parpadeó: empezaba a tener miedo.

—Una criatura. Que vive de lo que tú comes, que respira el aire que tú respiras, y que ve gracias a tus ojos. —Acercó la cara de la niña a la suya—. Abre
la boca, Janey, para que yo pueda mirar y ver qué cosa vive ahí abajo...

—¡No, no quiero! —Se retorció para intentar soltarse, pero él era muy fuerte—. ¡Mientes! ¡Estás contándome una mentira horrible! ¡Mientes!

—Ábrela bien —dijo, e hizo fuerza en la mandíbula de la niña con los dedos de su mano derecha hasta que la boca se abrió—. Ah, así está mejor. Vamos a
ver... —Escudriñó el interior de la boca—. Si, ahí. ¡Ahora lo veo!

Janey se echó hacia atrás, con los ojos muy abiertos, francamente alarmada.

—¿Cómo es?

—¡Repelente! ¡Espantosa! Con unos dientes muy afilados. Una rata diría yo. O algo parecido a una rata. Larga, gris y gorda.

—¡Yo no tengo eso! ¡No!

—Oh, claro que sí, Janey. —Su voz era empalagosa—. He visto brillar sus ojos rojos y he visto su larga cola. Está ahí dentro, sí. Algo repelente.

Y se echó a reír. Esta vez de verdad. No era una risa fingida. Tío Gus estaba divirtiéndose.

Janey sabía que él sólo pretendía asustarla una vez más..., pero no estaba completamente segura respecto a la cosa que llevaba dentro. Quizás él había
visto algo.

—¿Hay... otras personas con... criaturas... que viven dentro de ellas?

—Depende —dijo tío Gus—. Las criaturas malas viven dentro de las personas malas. Las niñas buenas no tienen ninguna.

—¡Yo soy buena!

—Bueno, eso es cuestión de opinión, ¿no crees? —Su voz era dulce y desagradable—. Si fueras buena no tendrías una cosa repelente viviendo dentro de ti.

—No te creo —dijo Janey, que respiraba con dificultad—. ¿Cómo puede ser verdad?

—Las cosas son reales cuando la gente cree en ellas. —Encendió un largo cigarrillo negro, aspiró el humo y lo expulsó con lentitud—. ¿Has oído hablar del
vudú, Janey?

La niña meneó la cabeza.

—Funciona así: un brujo maldice a una persona haciendo un muñeco y hundiendo una aguja en el corazón del muñeco. Luego deja el muñeco en la casa del hombre
maldito. Cuando el hombre lo ve se asusta mucho. Convierte en real la maldición al creer en ella.

—¿Y luego qué pasa?

—Su corazón deja de funcionar y muere.

Janey notó que su corazón latía muy deprisa.

—Tienes miedo, ¿verdad, Janey?

—Puede que... un poco.

—Claro que tienes miedo. —Rió entre dientes—. Y es lógico..., ¡con una cosa así dentro de ti!

—¡Eres un hombre malo y muy cruel! —le dijo Janey, con los ojos nublados por las lágrimas.

Y regresó corriendo a la vivienda.

Esa noche, en su cuarto, Janey permanecía sentada en la cama, rígida, abrazando a «Bigotes». Al gato le gustaba entrar allí por la noche y acurrucarse
en la colcha, a los pies de la niña, para dormitar hasta el amanecer. Era un plácido gato doméstico, gris y negro, que jamás se quejaba de nada y siempre
contestaba con un «miau» de alegría cuando Janey lo cogía para acariciarlo. Después ronroneaba.

Esa noche «Bigotes» no ronroneaba. Captaba las ásperas vibraciones de la habitación, captaba el nerviosismo de Janey. El animal se estremeció inquieto
en los brazos de la pequeña.

—Tío Gus me ha mentido, ¿verdad, «Bigotes»? —La voz de la niña reflejaba tensión, incertidumbre—. Míralo... —Acercó más al gato—. No hay nada ahí, ¿verdad?

Y abrió la boca para demostrar a su amigo que ninguna rata vivía allí. Si había una rata, el viejo «Bigotes» metería una pata para cazarla. Pero el gato
no reaccionó. Se limitó a cerrar y abrir sus rasgados ojos verdes.

—Lo sabía —dijo Janey, enormemente aliviada—. Si yo no creo que esté ahí, no está.

Poco a poco relajó los tensos músculos de su cuerpo..., y «Bigotes», al percibir el cambio, empezó a ronronear: un suave y tranquilizador sonido de motor
en la noche.

Todo estaba bien. Ninguna criatura de ojos rojos existía en su barriguita. De pronto la niña se sintió agotada. Era tarde, y por la mañana tenía que ir
al colegio.

Janey se deslizó bajo la sábana y cerró los ojos tras soltar a «Bigotes», que se alejó silenciosamente hacia su habitual rincón de la cama.

Janey tema muchas cosas que contar a sus amigos.

Era jueves, un día que Janey solía odiar. Un jueves sí y otro no, su madre iba de compras y la dejaba cenando con tío Gus en la casona encantada de éste,
con los postigos bien cerrados para que no entrara el sol, y las sombras llenando todos los pasillos.

Pero ese jueves iba a ser distinto, y Janey no se preocupó cuando su madre se marchó y la dejó sola con su tío. Esta vez, pensó la niña, no iba a tener
miedo. Soltó una risita.

¡Hasta podía divertirse!

Tras ponerle un plato de sopa delante, tío Gus le preguntó cómo se encontraba.

—Bien —dijo Janey tranquilamente, con los ojos bajos.

—Entonces podrás apreciar la sopa. —Sonrió, tratando de que su apariencia fuera agradable—. Es una receta especial. Pruébala.

Janey se metió una cucharada en la boca.

—¿A qué sabe?

—Un poco ácida.

Gus meneó la cabeza mientras probaba la sopa.

—Ummm... Deliciosa. —Hizo una pausa—. ¿Sabes de qué está hecha?

Janey contestó que no con la cabeza.

Gus sonrió y se inclinó hacia la niña al otro lado de la mesa.

—Es sopa de ojos de búho. Hecha con ojos de búho muerto. Machacados y recién extraídos para ti.

Janey sostuvo la mirada de su tío.

—Quieres que devuelva, ¿verdad, tío Gus?

—Dios mío, no, Janey. —Había un empalagoso deleite en su voz—. Pensaba que te gustaría saber qué estabas tragando.

Janey apartó su plato.

—No voy a vomitar porque no te creo. Y cuando no crees una cosa, no es real.

Gus la miró ceñudamente mientras terminaba la sopa.

Janey sabía que él planeaba contarle otra espantosa historia de fantasmas después de comer, pero no estaba nerviosa. No lo estaba.

No lo estaba porque no habría sobremesa para tío Gus.

Había llegado el momento de su sorpresa.

—Tengo algo que decirte, tío Gus.

—Pues dímelo.

Su voz era aguda y desagradable.

—Todos mis amigos del colegio saben lo del animal que está dentro. Hablamos mucho de eso, y ahora todos lo creemos. Tiene ojos rojos... Es muy peludo y
huele mal. Y tiene muchísimos dientes afilados.

—Naturalmente que sí —dijo Gus, con el rostro iluminado por las palabras de la niña—. Y siempre tiene hambre.

—Pero ¿a qué no sabes una cosa? —Prosiguió Janey—. ¡Sorpresa! No está dentro de mí, tío Gus... ¡Está dentro de ti!

Gus la miró coléricamente.

—Eso no es nada divertido, pequeña zorra. No intentes dar la vuelta a las cosas y fingir que...

Se detuvo sin acabar la frase, y mientras la cuchara caía con estrépito al suelo, se levantó de repente. Tenía la cara enrojecida, como a punto de asfixiarse.

—Y ahora quiere salir —dijo Janey.

Gus dobló el cuerpo sobre la mesa, aferrándose el estómago con las manos.

—Llama... Llama al... médico —dijo jadeante.

—Un médico no servirá de nada —contestó satisfecha Janey—. Nada sirve ya de nada.

Janey siguió tranquilamente a su tío mientras masticaba una manzana. Le vio tambalearse y caer ante la puerta, le vio agitarse, con los ojos desorbitados
por el pánico.

Janey se detuvo junto a tío Gus y le miró el estómago bajo la camisa blanca.

Algo abultaba allí.

Gus lanzó un grito.

Más tarde, esa noche, sola en su cuarto, Janey apretó a «Bigotes» contra su pecho y musitó en la temblorosa oreja de su gatito:

—Mamá ha llorado —explicó al animal—. Está muy triste por lo que le pasó a tío Gus. ¿Estás triste tú, «Bigotes»?

El gato abrió la boca y dejó ver sus afilados y blancos dientes.

—No lo había pensado... Eso es porque tío Gus te gustaba tanto como a mí, ¿verdad?

Abrazó al gato.

—¿Quieres saber un secreto, «Bigotes»?

El gato cerró y abrió los ojos tranquilamente, y empezó a ronronear.

—¿Sabes, ese viejo malo del colegio..., el señor Kruger? Bueno, ¿sabes qué? —Sonrió—. Yo y los otros niños pensamos hablar con él mañana para decirle que
tiene algo dentro...

Janey se estremeció de placer.

—¡Algo repelente!

Y se rió como una tonta.

domingo, 8 de octubre de 2017

David Gilmour - Live at Pompeii - 2017


"Live at Pompeii" es un álbum en vivo y filme de David Gilmour, y fue grabado en el anfiteatro de Pompeya, documentando parte de la gira 2015-16 de promoción del "Rattle That Lock" (2015). Fue lanzado el 29 de septiembre de 2017 en varios formatos.Nosotros escogimos traer a casa el doble dvd, ya que es música para ver.
Previamente, el 13 del mismo mes se presentó mundialmente en cines, en una versión ligeramente reducida respecto a la edición posterior.
Con un repertorio cuya única novedad son los temas del álbum promocionado, lo que tenemos es oootra vez más a David en vivo y en directo con toda su grandeza y la de los temas de siempre de Pink Floyd.Con el agregado de marcar el retorno al emplazamiento histórico de aquella actuación inolvidable de la banda.Eso sí, ahora con público y todo y con la parafernalia escénica floydiana en versión tecnología del siglo XXI.

ONE OF THESE DAYS

COMFORTABLY NUMB


PERSONAL
David Gilmour – electric guitars, acoustic guitars, classical guitar, console steel guitar, lead vocals, cymbals on "One of These Days", whistling on "In Any Tongue"
Chester Kamen – electric guitars, acoustic guitars, 12 string acoustic guitar, high-strung acoustic guitar on "Comfortably Numb", backing vocals, harmonica on "The Blue"
Guy Pratt – bass guitars, double bass, backing vocals, lead vocals on "Run Like Hell"
Greg Phillinganes – piano, keyboards, backing vocals, lead vocals on "Time"
Chuck Leavell – organ, keyboards, accordion, backing vocals, lead vocals on "Comfortably Numb"
Steve DiStanislao – drums, percussion, backing vocals, aeoliphone on "One of These Days"
João Mello – saxophones, clarinet, additional keyboards on "The Blue", high-strung acoustic guitar on "In Any Tongue"
Bryan Chambers – backing vocals, lead vocals on "In Any Tongue" and "The Great Gig in the Sky", tambourine
Lucita Jules – backing vocals, lead vocals on "The Great Gig in the Sky"
Louise Clare Marshall (Pompeii only) – backing vocals, cowbell, lead vocals on "The Great Gig in the Sky"...

SHINE ON...

PROGRAMA
"5 A.M."
"Rattle That Lock"
"Faces of Stone"
"What Do You Want from Me
"The Blue"
"The Great Gig In the Sky"
"A Boat Lies Waiting"
"Wish You Were Here"
"Money"
"In Any Tongue"
"High Hopes"
"One of These Days"
"Shine On You Crazy Diamond"
"Fat Old Sun"
"Coming Back to Life"
"On an Island"
"Today"
"Sorrow"
"Run Like Hell"
"Time" / "Breathe (Reprise)"
"Comfortably Numb"
"Pompeii Then and Now documentary"


RATTLE THAT LOCK

domingo, 1 de octubre de 2017

Steven Wilson - To the Bone - 2017


"To the Bone"es el quinto álbum de estudio del músico y productor británico Steven Wilson.Fue lanzado el 18 de agosto de 2017.
Éste trabajo ha sido criticado en muchos medios especializados en rock progresivo, tal vez porque pretenden que el líder de Porcupine Tree se autoencasille en un  género, cosa que en realidad no ha hecho nunca desde los diferentes proyectos paralelos y solistas así como colaboraciones varias.
Wilson da un giro saludable hacia el pop más refinado, sonando actual y al mismo tiempo enriquecido por las influencias atemporales que atesora el brillante músico británico.

NOWHERE NOW

El propio Wilson ha mencionado a bandas como Talk Talk y Tears For Fears como algunas de sus principales influencias en mente al producir el álbum.Para él es un homenaje a los discos pop que le  marcaron en su juventud, como el "So" de Peter Gabriel y el "Hounds of Love" de Kate Bush.

PARIAH

SONG OF I

REFUGE

PERMANATING


MÚSICOS:
- Steven Wilson: Guitarras y voz
- Adam Holzman: Teclados
- Nick Beggs: Bajo y Chapman stick
- Craig Blundell: Batería
INVITADOS: 
- Jeremy Stacey: Batería
- David Kollar: Guitarras
- Mark Feltham: Armónica en "To the Bone" y "Refuge"
- Ninet Tayeb: Voz en "Pariah" y "Blank Tapes", coros en "To the Bone"
- Sophie Hunger: Voz en "Song of I"



THE SAME ASYLUM AS BEFORE

PROGRAMA
01.«To the Bone» 6:41
02.«Nowhere Now» 4:04
03.«Pariah» 4:44
04.«The Same Asylum as Before» 5:14
05.«Refuge» 6:42
06.«Permanating» 3:35
07.«Blank Tapes» 2:09
08.«People Who Eat Darkness» 6:03
09.«Song of I» 5:22
10.«Detonation» 9:20
11.«Song of Unborn» 5:56

TO  THE BONE FULL ALBUM




sábado, 15 de julio de 2017

Propaganda


Aunque ya he comentado los títulos más importantes de ésta banda en el blog, quise hacer una entrada "general" sobre ésta "banda de mis amores". Realmente ésta es una banda de culto para muchas almas a lo largo del mundo, y muchos lamentamos la escasa producción y la historia discontinua y accidentada de la misma, pero veneramos el material que ha dejado como testimonio de un gran proyecto musical.

DUEL


Copio el texto que preparé para un post en mi perfil de una red social:
Propaganda fue una banda de synth-pop alemana que tuvo relatiyo éxito en la década de los ochentas y hoy es para muchos un fenómeno de culto.
El grupo fue fundado en Düsseldorf hacia 1982 por Ralf Dörper, miembro de la banda de metal industrial Die Krupps.Otro miembro fundador fue Andreas Thein (1954-2013) y a ambos se sumaría pronto la vocalista Susanne Freytag.Más tarde se incorporaría el músico y compositor de formación clásica Michael Mertens y una segunda cantante, Claudia Brücken. Con esta formación editaron en 1984 su primer sencillo titulado "Dr. Mabuse". Andreas Thein dejaría la banda poco después.
Editaron con el sello ZTT (propiedad de Trevor Horn) su primer álbum, "A Secret Wish", en 1985, que alcanzaría el puesto 16 en el ránking británico.Dos sencillos extraídos del mismo tendrían un importante éxito, fundamentalmente en Europa: "P-Machinery" y "Duel".Entre los músicos invitados que colaboraron en el álbum figuran Steve Howe, David Sylvian y Stewart Copeland, pero no queda claro cuáles fueron sus aportes.
En 1986, Claudia Brücken deja la banda. Entre 1987 y 1988 Mertens, Freytag y Dörper reclutan a dos músicos escoceses, ex integrantes de Simple Minds Derek Forbes y Brian McGee, así como a la vocalista estadounidense Betsi Miller; y con esta formación comenzarían a preparar material para un nuevo álbum, pero Freytag y Dörper entonces dejan la banda.
De modo que ahora con Michael Mertens al frente, secundado por Betsi Miller, Derek Forbes y Brian McGee, editan en 1990 su segundo álbum de estudio titulado "1234", un álbum mucho menos oscuro y más amable y netamente pop que el predecesor, pero de una gran calidad musical. Su sencillo "Heaven Give Me Words" entró en el top 40 británico, mientras que "Wound in My Heart" fue un respetable éxito en algunos países y concretamente número uno en Argentina.En "1234" contarían con la colaboración de Roland Orzabal de Tears For Fears, de Howard Jones, y el guitarrista de Pink Floyd David Gilmour en el tema "Only one word".
Hubieron varios intentos posteriores de reunión.Entre 1998 y 1999 se reencuentran Mertens, Brücken y Freytag.Grabaron algunas canciones e incluso produjeron un interesante videoclip rodado en Marruecos, pero no se materializó un nuevo álbum.
En noviembre de 2004, la alineación original de Propaganda interpreta "Dr. Mabuse" en el Wembley Arena en el concierto tributo a Trevor Horn, con quien habían tenido en el pasado serios problemas debido al contrato leonino firmado con su sello en aquellos años.
Mertens y Freytag editaron un par de canciones y respectivos remixes bajo el nombre de Propaganda para un sello independiente pero ya no se sabría más de ellos como banda.
En 2002 se edita "Outside World" con material promocional, lados b y remezclas varias de los tiempos de "A secret wish"
En julio de 2010 se lanza una edición especial para celebrar el 25 aniversario de "A Secret Wish" con abundante material extra original y remezclas varias.

P:MACHINERY

DR. MABUSE

DREAM WITHIN A DREAM


ONLY ONE WORD

HEAVEN GIVE ME WORDS

COUNT ZERO

martes, 11 de julio de 2017

Lord Dunsany - Blagdaross

"Blagdaross"

Lord Dunsany (1878-1957)

En un campo de las afueras de la ciudad sembrado de ladrillos caía el crepúsculo. Una o dos estrellas aparecían sobre el humo, y en ventanas distantes se encendían misteriosas luces. La quietud y la soledad se hacían cada vez más profundas. Entonces, todas las cosas desechadas que callan durante el día hallaron voces.

Un viejo corcho habló primero. Dijo: Crecí en los bosques de Andalucía, mas nunca escuché los perezosos cantos de España. Crecí fuerte a la luz del sol, aguardando por mi destino. Un día los mercaderes llegaron y nos arrancaron; por la costa, apilados, a lomo de asno, nos llevaron a una ciudad orillas del mar, donde me dieron forma. Un día me enviaron al Norte, a Provenza, y allí cumplí mi destino. Porque me pusieron de guarda sobre el vino hirviente, y durante veinte años permanecí centinela fiel. Durante los primeros años, el vino que guardaba durmió en la botella soñando con Provenza; mas al transcurso del tiempo fue tomando fuerza, hasta que por fin, cuando quiera que un hombre pasaba, el vino me empujaba con todo su poder, diciéndome:

—¡Déjame salir! ¡Déjame salir!

Y a cada año su vigor aumentaba y acentuaba el vino su clamor siempre que el hombre pasaba; pero nunca logró arrojarme de mi lugar. Pero luego de haberle contenido poderosamente durante veinte años, le trajeron al banquete y me quitaron de mi puesto, y el vino saltó bullicioso y corrió por las venas de los hombres, y exaltó sus almas hasta que se alzaron de sus asientos y cantaron canciones provenzales. Pero a mí me arrojaron, a mí, que había sido su centinela veinte años y que estaba aún tan fuerte y macizo como cuando me pusieron de guarda. Ahora soy un despojo en una fría ciudad del Norte, yo, que he conocido los cielos de Andalucía y guardado muchos años los soles provenzales que arden en el corazón del vino regocijante.

Un fósforo incólume, que alguien había tirado, habló en seguida:

—Yo soy un niño del Sol —dijo— y un enemigo de las ciudades; hay en mi corazón cosas que no sospecháis. Soy hermano de Etna y Strómboli; guardo en mi fuegos escondidos, que surgirán un día hermosos y fuertes. No entraremos en la servidumbre de ningún hogar, ni moveremos máquinas para nuestro alimento allí donde lo encontremos aquel día en que seamos fuertes. Hay en mi corazón niños maravillosos, cuyos rostros han de ser mas vivaces que el arco iris; firmarán pacto con el viento Norte y éste los empujará adelante; todo será negro tras ellos y negro sobre ellos, y nada habrá bello en el mundo sino ellos; se apoderarán de cuanto hay sobre la tierra y ésta será suya, y nada los detendrá, sino nuestro viejo enemigo, el mar.

Luego habló una vieja tetera rota, y dijo:

—Soy la amiga de las ciudades. Me siento sobre el hogar entre las esclavas, las pequeñas llamas que se alimentan de carbón. Cuando las esclavas danzan tras las rejas, me siento en medio de la danza y canto y alegro a mis amos. Y entono cantos sobre la molicie del gato, y sobre la inquina que hay hacia él en el corazón del perro, y sobre el torpe andar del niño, y sobre el arrobamiento del señor de la casa cuando cocemos buen té moreno; y a veces, cuando la casa está muy Caliente y contentos el amo y las esclavas, rechazo los vientos hostiles que soplan sobre el mundo.

Y habló después un trozo de vieja cuerda:

—Fui hecha en un lugar de condena, y condenados tejieron mis fibras en un trabajo sin esperanza. La suciedad del odio se asentó en mi corazón, y por esto jamás dejé libre nada una vez que lo hube sujetado. He atado muchas cosas, implacable, por meses y años; porque acostumbraba a entrar plegándome en los almacenes donde las grandes cajas yacen abiertas al aire, y una de ellas se cerró de súbito y mi fuerza espantosa cayó sobre ella como una maldición, y si sus tablas gemían cuando yo las estrechaba, o si pensando en sus bosques crujían en la noche solitaria, yo las estrechaba todavía más, porque vive en mi alma el pobre odio inútil de los que me tejieron en un lugar de condena. Mas, a pesar de todas las cosas que había retenido con mi garra de prisión, mi última obra fue libertar una. Estaba yo ociosa una noche en la sombra, en el suelo del almacén. Nada se movía, y hasta dormía la arana. Hacia media noche, una gran bandada de rumores ascendió de las planchas del suelo y estremeció los techos. Un hombre vino hacia mí, solo. Y conforme se acercaba reprochábale su alma, y vi que había una gran pugna entre el hombre y su alma, porque su alma no quería dejarle y continuaba reprochándole. Entonces, el hombre me vio y dijo: Esta, al fin, no me faltará. Cuando así le oí decir, determiné que cualquier cosa a que me requiriese sería cumplida hasta el límite. Y cuando formé este propósito en mi corazón impasible, me asió y se subió a una caja vacía que debería atar a la mañana siguiente, y me enlazó por un extremo a una negra viga; mas el nudo fue atado con descuido, porque su alma estaba reprochándole de continuo y no le daba reposo. Después hizo una lazada de mi otro cabo, y entonces el alma del hombre cesó de reprocharle y le gritó jadeante y le suplicó que se pusiera en paz con ella y que nada hiciera de súbito; mas el hombre prosiguó su trabajo y puso la lazada por su cabeza hasta por debajo de la barba, y el alma gritó horriblemente.

Entonces, el hombre apartó la caja de un puntapié, y al momento comprendí que mi fuerza no bastaba; mas recordé que él había asegurado que no habría de faltarle, y puse todo el vigor de mi odio mugriento en mis fibras y le sostuve con sólo el esfuerzo de la voluntad. Entonces, el alma me gritó que soltara, pero yo dije:

—No; tú humillaste al hombre.

Me gritó que me soltase de la viga, y ya resbalaba, porque sólo me sujetaba a ella por un nudo mal hecho; mas apreté con mi garra de presa y dije de nuevo:

—Tú humillaste al hombre.

Y sofocadamente me dijo otras cosas, mas no respondí; y al fin el alma que vejaba al hombre que en mí había confiado voló y le dejó en paz. Jamás pude luego atar ninguna cosa, porque mis fibras quedaron desgastadas, retorcidas, y aun mi implacable corazón habíase debilitado en la lucha. Poco después me arrojaron aquí. Había cumplido mi trabajo.

Así hablaron entre sí, pero mientras asomaba sobre ellos la forma de un viejo caballito de madera que se quejaba amargamente. Dijo:

—Soy Blagdaross. Triste de mí que yazgo ahora como un despojo entre estas dignas pero humildes criaturas. ¡Ay de aquellos días que nos fueron robados y ay de Aquel Grande que fue mi dueño y mi alma, cuyo espíritu se ha encogido y no puede saber más de mí, ni cabalgar por el mundo en caballerescas empresas! Yo fui Bucéfalo, y él Alejandro, y ambos fuimos hasta el Indo. Con él hallé los dragones cuando él era San Jorge, y fui el caballo de Rolando en lucha por la cristiandad, y muchas veces Rocinante. Batallé en los torneos y caminé errante en busca de aventuras, y encontré a Ulises y a los héroes, y las mágicas fiestas. O ya tarde en la noche, antes de encenderse las lámparas en el cuarto de los niños, montaba sobre mí bruscamente y galopábamos a través del Africa. Allí cruzábamos en la noche tropicales selvas y pasábamos oscuros ríos, que centelleaban con los ojos de los cocodrilos, y en donde flotaban los hipopótamos corriente abajo, y misteriosos ganados surgían de pronto en la oscuridad y furtivamente desaparecían. Y después de haber cruzado la selva encendida por las luciérnagas, salíamos a la abierta llanura y galopábamos por ella, y los flamencos escarlata volaban a nuestro lado por las tierras de los reyes sombríos con coronas de oro sobre sus cabezas y cetros en las manos, que salían de sus palacios para vernos pasar. Entonces revolvíame yo súbitamente y el polvo se desprendía de mis cuatro herraduras cuando galopaba hacia casa de nuevo y mi amo era llevado al lecho. Y al otro día montaba en busca de extrañas tierras, hasta que llegábamos a una mágica fortaleza guardada por hechiceros, y derribaba los dragones a la puerta, y siempre volvía con una princesa más bella que el mar. Pero mi amo empezó a ensanchar de cuerpo y a encogerse de alma y rara vez salía de aventuras. Al fin vio el oro y nunca más volvió a cabalgarme, y a mí me arrojaron entre esta gentecilla

Pero mientras el caballito hablaba, dos niños se escaparon, sin permiso de sus padres, de una casa situada en el confín y cruzaron el descampado en busca de aventuras. Uno de ellos llevaba una escoba, y al ver al caballito, nada dijo, pero rompió el astil de la escoba y lo ajustó entre sus tirantes y su camisa, al costado izquierdo. Después montó en el caballito y enarbolando el astil de la escoba, aguzado en la punta, gritó: Saladino está en este desierto con todos sus secuaces; yo soy Corazón de León.

Luego dijo el otro niño:

—Déjame a mí también matar a Saladino.

Blagdaross, en su corazón de madera, que estaba henchido con pensamientos de batalla, dijo:

—Aún soy Blagdaross.

(FIN)

jueves, 6 de julio de 2017

Alphaville - Strange Attractor - 2017


Strange Attractor es el séptimo álbum de estudio de la banda de synthpop alemana Alphaville , lanzado en abril del presente año.
Marian Gold, único miembro original y brillante vocalista, continúa al frente de uno de los grandes nombres del género, con una banda sólida que da a las canciones un brillo contemporáneo pero teñido del sonido Alphaville, ya un clásico.
Valió la pena la espera desde "Catching rays on giant" (2010), que fuera otro buen disco con también sólidas canciones de buen gusto pop.
Destaco algunas de mis favoritas aquí.Pero...hay bastante más. ;)

HEARTBREAK CITY

A HANDFUL OF DARKNESS

MARIONETTES WITH HALOS

HOUSE OF GHOSTS



PROGRAMA
1. «Giants» 3:27
2. «Marionettes With Halos» 4:20
3. «House Of Ghosts» 5:05
4. «Around The Universe» 3:58
5. «Enigma» 5:59
6. «Mafia Island» 6:21
7. «A Handful Of Darkness» 7:48
8. «Sexyland» 3:50
9. «Rendezvoyeur» 4:14
10. «Nevermore» 4:49
11. «Fever!» 3:45
12. «Heartbreak City» 3:45
13. «Beyond The Laughing Sky» 5:39

ALPHAVILLE 2017
David Goodes
Jakob Kiersch
Alexandra Merl
Carsten Brocker
Marian Gold

AROUND THE UNIVERSE